Estuve sentada en mi cuarto por casi dos horas esperando la señal de la luna llena. Por fin estaba en lo alto del cielo, asomándose por el capitel de mi ventana.
Era hora de irme.
-Vamos, Lizzy, no puede ser tan malo –me repetía innumerables veces frente al espejo para calmar la angustia.
Había estado tan ocupada en mi nerviosismo que no me había dado cuenta de lo bien que me veía esta noche. Estaba hermosa; y no hermosa como el día de los bailes de fin de curso o como cuando mamá me lo decía en la mañana después de despertar, sino realmente hermosa, más allá de mi cabello, el maquillaje o el vestido blanco sin tirantes que llevaba puesto. Era casi una sensación de júbilo, era como si lo sintiera en mi interior.
-Lo peor que puede suceder es que pises a alguien si te sacan a bailar- me dije luego de un suspiro. No sabía bailar, ni caminar sin tropezarme o hacer cualquier otra cosa se relacionara con movimientos de coordinación, de hecho ya era demasiado esfuerzo para mi, no caerme cuando estaba de pie. ¿Qué podría salir mal? Nada en absoluto. Me sentía con tanta fuerza y poder que era increíble. Así que practiqué mi mejor sonrisa, respire varias veces y salí.
Cuando comencé a descender por las escaleras una potente y torrencial corriente de aire entró súbitamente por la ventana haciéndome estremecer.
La noche estaba tan fría y gélida como la primera vez que entré, incluso la luna causaba el mismo efecto en el ambiente.
Era como si hubiera un gran reflector en dirección a miles de cristales esparcidos por el techo haciendo que el suelo se encendiera como si hubiera millones de lucecitas que iluminaban tenuemente el espacio para dar esa apariencia que tanto detestaba, pero no fue precisamente esa sensación de horror lo que me hizo recordar el motivo de haber aceptado que me secuestraran todo el día hasta dejarme como una persona normal y decente del siglo XVI para esta noche.
Había pasado más de doce horas en un salón del castillo en manos de la nana de Anker, -la Sra. Gordon- que intentando mejorar mi aspecto físico, solo que yo era una chica del siglo XXI y todo lo que implicaba aquello era malo para ella, que era una vampira de mas de trescientos años.
Yo tenía un cuerpo delgado y sin gracia, ojos miel detrás de unos lentes que sostenía una nariz con pecas, unos labios tenues que casi siempre estaban de color rosa y un cabello castaño oscuro, largo, el cual estaba acostumbrado a llevarlo suelto y despeinado todo el tiempo, y que para colmo tenia un enorme mechón blanco que lo atravesaba de punta a punta.
Siendo así, no había nada en mí que tuviera que ver con la edad media, ni mi cuerpo, mi cara o mi cabello, de hecho, hasta mi lenguaje era totalmente inaceptable para ellos.
Discutimos las primeras dos horas por como tenía que llevar el cabello. Yo lo quería suelto y libre como siempre, sin nada mas que un peine o algo por el estilo, pero la Sra. Gordon lo quería en una moña con algunas ondulaciones en frente.
-¡No!- dije por enésima vez en lo que llevábamos discutiendo.
-Vamos, Lizzy, ¿tienes que ser siempre tan poco dócil?
-Por favor, se lo ruego, ya es demasiado para mi tener que utilizar vestidos todos los días-
-Déjame intentarlo, ¿si? Se que te verás hermosa-
Ella era una mujer realmente encantadora y dulce, así que finalmente logró convencerme.
Luego de haber terminado dijo.
–Creo que ya estás lista - volteándome hacia el espejo.
Tenía una moña hermosa con listones blancos que hacían juego con mi vestido; caían de la cabeza hasta la cintura, dando la ilusión de tener pedazos de cabello suelto. En frente, a pesar de estar totalmente recogido, había una ondulación que hacia el peinado aun más bonito. Era un pedazo de mi cabello blanco. Finalmente, arriba de mi cabeza coloco una pequeña tiara blanca con diamantes que me hacia lucir como una princesa.
Ahora notaba porque tenía razón.
Yo estaba fascinada, y con los ojos como platos por la emoción. Me había dado cuenta que la Sra. Gordon a pesar de haber vivido en la antigüedad, tenía razón, así que procure guardar silencio y prestar atención a su trabajo.
Las siguientes cuatro horas, pasaron volando y en completo silencio sin siquiera darme cuenta, hasta que por un error de ella regrese a la realidad.
Cada vez que escuchaba el nombre “Anker” era inevitable que el pánico y el sudor aparecieran estropeándolo todo.
-En conclusión –dije distraída después de un rato- no hay nada que pueda hacer en contra de mis impulsos nerviosos.
-deja de ser tan pesimista, eres una pequeña hermosa y muy femenina.
-Si, claro, tan hermosa y femenina que sudo como un hombre.
La Sra. Gordon sonrió.
-Lizzy, que estés nerviosa y a punto de explotar de amor es muy diferente a que sudes como un hombre.
-¡Prometiste no volverlo a mencionar! – Grite – ¿Cómo pretendes que acabemos si lo único que haces es hablar de eso?
-¿A que te refieres? ah, si, lo recuerdo, pero aun no entiendo que es lo que te molesta, estar enamorado es maravilloso y más de un joven como Anker, si yo fuera tú ya estaría mas que desposada, aparte de todo estas quedando hermosa, así que guarda silencio si es que quieres salir pronto de aquí.
-Por si no lo recuerdas - Le dije señalándole la argolla que tenia en el dedo – ya estoy casada con él, aparte, tú mas que nadie sabe que la Srta. Clarease y Anker están comprometidos desde el momento en que nacieron.
- vamos, cariño, sabes muy bien que eso que tienes ahí no es más que el simple símbolo – sentí como se me heló la espina dorsal al escucharla decir eso- y el hecho de que ellos estén comprometidos no significa que estén enamorados.
-¿De que hablas?
-Querida, hay muchas cosas que aun no sabes sobre los hombres, y menos de Anker. Dijo la Sra. Gordon poniendo los ojos en blanco como si la respuesta fuera tan obvia que era patético no saberla.
- Si, eso lo se, solo que Anker no es un hombre, o bueno, no del todo…
- Oye, ser mitad vampiro no te condena a ser diferente, Elizabeth; solo te hace mas especial, no es culpa de Anker que tu no te decidas de una vez por todas a decirle lo que sientes.
Y así terminaban una y otra vez las conversaciones que teníamos sobre él hasta que el día terminó y yo finalmente estuve lista para subir y vestirme, para luego bajar y encontrarme así.
Seguí caminando hacia el salón, divagando entre mis pensamientos, intentando encontrar las razones que me tenían agobiada y no me dejaban ser sincera con Anker, pero estaba tan sumergida en mi que no me había percatado de que ya había llegado sino hasta que alguien me saco de mis profundos pensamientos chocando conmigo.
-Disculpe. Dije, sin dejar de mirar el suelo apresurando el paso y escondiendo mi rostro encendido por la vergüenza.
La pesadez en el ambiente era insoportable, me sentía como cuando estaba en la secundaria y atravesaba el pasillo antes de entrar a clases: todas las miradas y murmullos fijados en mí, que era un fenómeno inferior a todos.
Se me había helado la piel de solo pensarlo, no quería pasar de nuevo por algo como eso y menos si eran vampiros los espectadores, así que apresure el paso para salir lo antes posible del gran salón, pero aun así, seguía siendo una torpe que tropezaba con todo.
Caminé lo más rápido que pude rodeando los grupos y sin tocar a nadie esperando encontrarme con las escaleras que me llevarían de regreso hacia la invisibilidad del segundo nivel, pero cuando me encontré a menos de un escalón de mi anonimato, una mujer grito y mi nombre resonó en todo el salón haciendo que yo volteara.
Todos y cada uno de los vampiros que se encontraban allí eran tan hermosos y peligrosos como espeluznantes, y ahora me observaban fijamente, clavando sus ojos rojizos como si fuese su cena, como si tuvieran sed de mí.
Era una escena aterrorizante que hacia el salón más lúgubre que antes. Las paredes de piedra negra, la luz de la luna en la cara de los vampiros y los ojos penetrantes que me observaban fijamente, hacían de esta noche más una historia de terror que un baile.
Por otra parte, yo estaba helada y pasmada en el suelo mirando a todos esos chupasangres que tanto detestaba, pero no podía hacer nada mas que odiarlos en secreto, eran cientos de vampiros mezquinos que no dudarían ni dos segundos en matar a todos los de mi raza para poder sobrevivir.
Hice un pequeño saludo y les di la bienvenida al “baile”, eso era lo más que podía hacer antes de salir corriendo hacia el pasillo más cercano para huir, que para mi suerte era el de la habitación de Anker.
Cuando me hallé alejada del tumulto vampírico y mi respiración se encontraba estable me percaté de un sonido diferente a mi estrepitoso palpitar y a la hiperventilada oxigenación de mi cuerpo; eran voces que venían desde la habitación de Anker, así que me acerque para escucharlas.
-Entonces, ¿Qué cree usted más conveniente?- La voz de una mujer resonaba detrás de la puerta de mármol.
-Que no deberías hacerte la estúpida conmigo, eso es lo que creo conveniente –Anker sonaba irritado- pero volviendo a lo importante, creo que es hora de decirle a todos que pienso marcharme hacia Inglaterra y...
- ¿y Elizabeth? Según entiendo ella no sabe nada de esto.
Otra vez la mujer desconocida habló interrumpiendo a Anker, pero esta vez si pude identificar quien era por como dijo mi nombre. Con asco.
Al saber que era Clarease con quien hablaba sentí la inminente conversión de la curiosidad al miedo y del miedo a la ira, pero a pesar de que quería salir corriendo de ese lugar no podía escapar hacia ningún lado sin pasar por el lugar del baile exponiendo mi frágil cuerpo a la merced de esos bebedores de sangre.
-Clarease, a ti no debería importarte lo que haga o no con mi vida privada, pero tienes razón, ella no sabe nada de esto, así que tu no abras la boca si sabes lo que te conviene.
-No tienes nada de que preocuparte, sea como sea, seria muy fácil engañarla, sino mira ahora.
Clarease nunca me había agradado lo suficiente como para considerarla “alguien” entre mis amigos, pero jamás había pensado en atentar de alguna manera hacia ella. Hasta ahora.
-No le diré nada -Respondió Anker - así que cállate y no preguntes más.
-¡¿Cómo que no le dirás nada?!- La voz de ella -en su normalidad- era muy parecida al sonido que produce un gato sarnoso cuando maúlla de rabia, pero sin duda ese tono satírico y arrogante con el que pronunciaba cada palabra la asemejaba más a un burro que a un gato -¡que Malvado eres!
Casi pude sentir felicidad al saber que Anker tendría que aguantarse a esa mujer el resto de la eternidad, pero para mi desgracia yo era igual de mezquina a cualquier vampiro.
-Simplemente creerá que es un viaje de negocios y ya, así evadiré las preguntas que me haga al respecto, y en cuanto a los invitados de hoy… creo que ya les quedo claro que no es de su incumbencia.
-Anker, ella lo vera todo, tarde o temprano tu estarás conmigo a solas y seguramente sospechará que algo anda mal.
-Te equivocas, ella es demasiado torpe si quiera para darse cuenta de algún tipo de vínculo entre tú y yo, aparte de todo a ti no debería porque importarte lo que pase con ella.
Engañada, ingenua, fácil ¿Acaso le había faltado algún insulto por presumirle a esa mujer sobre mí?
Había comenzado a llover y la tormenta se hacia cada vez mas y mas fuerte. Los sollozos que mi entrecortada respiración producía se hacían más ruidosos y húmedos, incorporándose en la hecatombe climática. Me valí del sonido de la lluvia y la noche para que nadie pudiera enterarse de mi perturbación.
Había dejado de escuchar la conversación por mi propio bien y me concentre en esconderme lo suficientemente bien como para que nadie pudiera encontrarme.
Empecé a caminar de regreso al gran salón, al fin y al cabo ya no importaba si estaba bien o no, pero aun así no podía permitir que me vieran así por el bien de Anker, solo que no me encontraba tan sola como creía estarlo y había más de una persona ajena a mí, que había copiado mi idea y se había camuflado en la oscuridad de la noche y el ruido de la lluvia observando cada uno de mis movimientos.
Salí corriendo por el enorme corredor sin ver quien era ese alguien, tampoco importaba mucho, pero aun contaba con la posibilidad de que nadie mas fuera de la habitación viera mi cara y así devolverle el favor al extraño, ignorándolo, pero cuando me encontré a unos pasos de la salida, choque nuevamente con algo que en vez de moverse me proporciono un golpe que me llevó hasta el otro extremo del corredor haciéndome chocar con la puerta de la habitación de Anker.
El mármol crujió junto a mí antes de derribarse y caer al suelo aplastándome.
Estaba tan aturdida que ni siquiera escuchaba el bullicio de los invitados en el gran salón o las voces en la habitación de Anker, a pesar de estar tan cerca de ambas. Lo único se apreciaba era el sonido de unas pisadas sobre una superficie húmeda, el eco inconfundible producido por unas gotas de agua que caían al suelo del pasillo y un gruñido que jamás había escuchado junto a mi.
Aunque estaba casi inconsciente, ensangrentada y tirada en el suelo con más de un hueso roto, pude sentir como mi piel se erizaba lentamente y como el sonido de mi corazón subía desde mis piernas hasta la punta de mi cabeza para luego posarse en mis oídos haciendo que mi aturdimiento aumentara.
Según tenía entendido, yo era la única de mi especie esa noche en el palacio. Todos los empleados habían sido “despedidos” hasta que el baile terminara, y la verdad no tenia ni la mas mínima pisca de pánico o una razón en general por la cual temer sabiendo que todos los vampiros que habían sido invitados esa noche eran amigos o familiares de Anker. Pero saber de la intromisión de un enemigo mortal en el palacio que quería asesinarme, me espantaba aun más que cualquier otro vampiro sediento de sangre humana, mi sangre.
El aturdimiento no tardo más de un segundo en apoderarse de mi cuerpo completamente casi al punto de perder el conocimiento.
Estaba desplomada en el frio asfalto con un bulto encima que me abrazaba y no era la puerta de mármol. Pero me encontraba tan adentro de mí que no alcanzaba a percibir el exterior.
Sentía que me caían gotas en el rostro, pero no de agua, era sangre. Podía ver su color rojo escarlata y percibir su penetrante olor a hierro dulzón en mi nariz.
No me había percatado de eso ni de nada hasta que lo que tenía encima dio un grito amedrentador que me hizo despertar.
Anker estaba sobre mí, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no lastimarme con su peso, veía su rostro ensangrentado lleno de furia, sus colmillos asomándose por los bordes de su boca y sus ojos rojos como la sangre, como un vampiro, pero sabía que mas allá de su apariencia aterradora, el dolor y la culpa lo colmaban totalmente, a pesar de no saber por que, podía verlo y sentirlo pero a pesar de saber que estaba luchando, no lograba reconocer con que.
En un abrir y cerrar de ojos, el pasillo en el que me hallaba sola hace un instante, estaba atestado de vampiros que luchaban como espectros por todo el lugar contra unas bestias enormes que parecían no tener forma.
La velocidad de sus movimientos era casi invisible, solo se podía percibir cómo un montón de sombras rápidas golpeaban contra los muros creando explosiones de escombros.
-¡entiérrale la maldita espada de una vez por todas!- le gritó Lucio a Anker, quien sobrevoló por el salón hasta llegar al otro extremo para intentar acabar a “la cosa” con la que luchaban en la oscuridad.
Esperó a que se acercara su oponente. Tomo una espada, apretó firmemente su empuñadura y se lanzo hacia adelante clavándole el metal hasta atravesarlo.
“La cosa” grito de dolor y se retorció, hasta quedar totalmente inmóvil en el suelo mientras que Anker sonreía de complacencia.
Tenía ralamente un aspecto terrorífico, sus ojos verdes ahora estaban rojos, llenos de furia y sed de sangre, y sus colmillos eran tan afilados y perfectos que daba la impresión de ser un vampiro completo.
Había estado tan aturdida y sumida en mis pensamientos a causa del temor y el golpe que no me había percatado de la presencia de todos los que estaban en ese lugar. Delia, Gabriel y Aurum estaban allí junto a Anker y lucio. Incluso los demás vampiros del baile también estaban luchando contra cientos de sombras más.
Una de las cosas contra la que estaban peleando gruñó entre dientes. Anker le había dado un golpe en la cara que lo hizo retroceder dejándolo bajo un claro de luz de luna que entraba por una de las ventanas rotas.
Una fila de puntudos y babeantes colmillos se asomaban a lo ancho de la comisura superior de su hocico. Estaba inmóvil, como una gárgola bajo la luz de la luna llena esperando a su presa. Tenía la apariencia de una hiena gigante, que en vez pelaje lo cubría una extensa capa escamas y unas patas fornidas con garras que terminaban como dos garfios al final.
Eran blood hunters, los cazadores del padre de Anker que habían venido esta noche a llevarme con ellos.
Un grito de pánico ahogado salió de mi boca haciendo que el espectro girara rápidamente la cabeza para clavar su mirada amarillenta y energúmena sobre mí enterándose de que yo estaba allí.
-¡Elizabeth corre!- gritó Lucio que vio que no me movía
-¡Por favor, Lizzy, ahora!- ahora era Anker que seguía gritándome mientras luchaba contra otro blood hunter.
Quería responder pero era incapaz de hacer otra cosa que no fuera temblar.
El bood hunter tenía su mirada amarillenta sobre mí, ya sabia lo que tenia que hacer, atraparme y llevarme con su amo. Estaba tan cerca a mí que sentía su aliento en mi cara.
Cerré los ojos esperando a que algo sucediera. Sabía perfectamente que nunca seria capaz de ganarle a algo así en mi vida inclusive si fuera mitad bestia.
-¡Lizzy, no te rindas, muévete por favor!- Podía percibir el dolor punzante de sus palabras cuando gritaba. – ¡no puedes dejarme, no ahora, Por favor corre!-
Cuando escuché esas palabras, hubo un instante en que la adrenalina recorrió mi cuerpo entero sentí la sangre caliente subir y bajar rápido de pies a cabeza haciendo que mi rostro se encendiera. Sentí que Mi corazón estaba a punto de estallar y a Mi boca llenarse de saliva. Mi alma estaba colmada de la valentía y tenacidad que jamás había sentido.
Me pare lo mas rápido que pude hasta quedar completamente erguida y mirándola.
La bestia me observaba hambrienta y al acecho, esperando para saltar sobre mí.
Sin percatarme de que el animal había corrido en mi dirección y estaba a punto de aplastarme salí corriendo en dirección a Anker que me esperaba para acabar con la bestia, pero “eso” era más rápido que yo por mucho y estaba a punto de alcanzarme.
Pude Sentir como su flameante calor casi me quemaba la piel antes de saltar sobre mí hasta que por último caí al suelo inconsciente
Posiblemente lo que veía era un sueño, pero era tan familiar que casi parecía real. Podía distinguir cada imagen, cada sensación y cada momento como si fueran mías, solo que la inestabilidad de las imágenes y la combinación de mi pánico con las tinieblas hacia imposible caminar por el lugar o saber simplemente en donde me encontraba.
Sabía que lo conocía, que había estado allí antes, pero la niebla opacaba todo lo que se posaba frente a mis ojos, incluso mis recuerdos –si es que estos lo eran-.
Finalmente la niebla tomo forma hasta convertirse en un paisaje.
Todo estaba cubierto por una capa blanca de nieve y otra más superficial que parecía ceniza. Se veía a lo lejos el humo que salía de un montículo de cosas quemadas que aun no se apagaba, el olor a madera quemada y la irritación de mis ojos eran insoportables. Quería gritar, pedir ayuda, pero lo único que salía de mi boca eran sollozos entrecortados y balbuceos sin sentido alguno.
Miré hacia el suelo.
Había un rio de color rosa que corría caudalosamente debajo de mis piernas, era sangre, estaba por todos lados. Podía sentir su olor dulzón esparciéndose en el aire hasta penetrar en mi nariz.
Era un paisaje triste, destruido y doloroso. Los arboles sin hojas, el viento entre ellos, la opacidad de la niebla, mis sollozos, el llanto de una mujer desconocida a mi lado, los gritos de miles y la risa oscura de alguien, hacían de mi sueño cada vez mas una pesadilla, no solo porque ahora escuchaba, veía y olía todo, sino también lo sentía, sentía el frio de la noche, la nieve en mi piel y un inmenso dolor en el pecho, como si hubiese una espada enterrada en el.
La sangre en mis manos, mi enmudecimiento y las manos de alguien incorporando una piedra roja en el agujero que habían cavado en mi pecho.
Intente gritar, moverme o hacer algo para defenderme en esa pesadilla, solo que al final no logre mucho, solo proporcionarle un golpe a alguien en la vida real.
Por lo menos ahora estaba despierta -y con mi puño en la cara de Anker-
-¡Ouch! ¿Acaso es así como piensas agradecerme? -Dijo Anker antes de que con un impulso casi ajeno a mi, me abalanzara encima de su cuello para abrazarlo, pero cuando abrí los ojos de nuevo, me di cuenta de que algo no era normal en donde estaba.
Todo lo que había en la habitación en la que estaba era actual. La cama, las luces, inclusive lo que tenia puesto en este momento era suero de un hospital cercano, eso quería decir que Anker había salido de su tonta obsesión por vivir en el siglo XVI y había accedido a dejar que un medico real me atendiera y me diera los medicamentos necesarios ¿tan mala pinta tenia que…?
-oye –dijo interrumpiendo mis pensamientos- ten cuidado, casi…esto…bueno, tú sabes a que me refiero, no me hagas mencionarlo, pero como sea, aun no puedes aniquilarme por haberte hecho pasar por esto.
Quise reírme, pero las lágrimas salieron tan rápido que no tuve tiempo si quiera de pensarlo. Tenía la cara llena de moretones, rasguños y una mano vendada hasta por encima del hombro derecho.
-¿Por qué lloras? No es tan malo estar vivo después de todo…
-¡te lastimaron por mi, Anker, tu deberías estar en esta cama, no yo!
-No seas tonta, Lizzy tu sabes que…
-No, no se nada, no me vengas ahora con que los blood hunters venían a cazar vampiros.
-Lizzy, no importa por quien hayan venido… por mi, por lucio o por quien sea, incluso te preferiría a ti si dependieras de mi vida.
Pude sentir la sangre en mi cara y las palpitaciones desbordadas de mi corazón. Era totalmente estúpido y contradictorio lo que el estaba diciéndome, y a pesar de eso no lograba parar de sonrojarme.
-No seas ridículo –dije en su defensa- ambos sabemos que yo valgo mucho menos que tu o que cualquiera en este reino, se que haces y dices cosas por hacerme sentir bien solo por cortesía o modestia, pero yo solo soy…
-¡Lo eres todo para mi! ¿Acaso no lo entiendes? El amor hace que hagamos cosas ridículas como comer carne si eres vegetariano o en mi caso esto…paralizar el habla y el corazón cuando te tengo en frente –suspiró antes de continuar- incluso daría mi vida sin esperar nada a cambio y no por ser razonable, sino porque así lo siento necesario. Por favor no pienses que es una perdida de tiempo saciar el corazón de felicidad, llenarlo de esperanzas y fantasías o colmar a quien amas de tontos detalles, como caricias al salir el sol en la madrugada o dar un beso eterno bajo la luz de la luna, porque son esas las cosas que te hacen brillar todos los días, aun cuando crees que todo se ha ido y tu corazón no palpite mas; son estas las razones que te mantienen vivo aun cuando estas muerto.
-pero, pero…
Quise responder pero nada salió de mi boca-
-pero nada, Lizzy, es la verdad, solo piensa en otra cosa por primera vez en tu vida que no sea solo tu. Dijo concluyendo la conversación antes de salir de la habitación.
Había pasado algún rato desde que Anker salió de la habitación, dejándome total y completamente absorta en mis pensamientos, – bienvenido a la mezquindad – me dije.
Era inevitable no pensar en ese flujo de información que me había dado en tan solo dos segundos y para mi desgracia tenia más estaba prohibido salir o moverme fuera de la cama para ir a buscarlo.
Así fue el transcurso de toda la noche.
Dos de la madrugada: Miro al techo, bostezo, juego con mi cabello, cuento las ranuras de la pared… ¿Qué no habían cosas más entretenidas que esperar hasta que saliera el sol?, -parece que no – me dije en voz alta.
Me preocupó un poco el saber que no era lo suficientemente humana para querer hacer cualquier otra cosa más que pensar… pero, se supone que esa era mi ventaja ¿no? Así que le di las riendas sueltas a mi pensamiento intentando precisar las palabras de Anker, rebanándome los sesos en busca de información extra que me ayudara a comprender lo que acababa de suceder.
-como si fuera poco- dije en para mis adentros luego de pensar y pensar-siempre pidiendo mas de lo que se da… el monstruo del ego siempre esta en la cabeza de todo ser humano razonable al acecho esperando a cualquier desliz, a cualquier ápice de torpeza para atacar, como hoy, ¿Cómo se me ocurrió no decirle que lo amaba también?-
Yo creía estar completa pero sabía que aun me faltaba algo y aunque según mis cálculos no iba a tardar mucho llegar, hoy más que nunca necesitaba tener la certeza de que eso en realidad seria así.
Fantasee un poco, me imaginaba a mi misma con ese alguien en estos momentos, besándome lentamente desde la punta de mi nariz hasta mi boca, acariciándome lentamente el cuello haciéndome estremecer bajo sus brazos, hasta que abrí mis ojos –en mi fantasía- y me percate de que era Anker quien me besaba.
No demore mucho en tornarme roja de la vergüenza, siempre me había negado a mi misma que lo quería, bueno, mas de lo que me podía permitir quererlo, pero ¿a quien engañaba? Sabia perfectamente que me gustaría estar besándolo en estos momento o bueno no necesariamente algo como eso podría hacerme reír o acariciar mi cabello para que me durmiera, bueno un montón de cosas exquisitamente lejanas aun para mi, como habría sido de no ser por el hecho de que yo era una simple humana y el pertenecía a la mas influyente y poderosa familia de vampiros del mundo.
Lo único que lograba quitarme la calma era ese pequeño detalle: una pareja. Y no cualquiera, una pareja… aunque bueno el titulo es lo de menos, lo que yo necesitaba era a quien darle lo que soy.
-eso es lo que me falta- dije distraídamente.
-¿Qué te hace falta?- pregunto alguien desde el pasillo que inconfundiblemente era Anker.
Cuando escuche su voz volví en mi misma, y regrese a la realidad de un brinco. La anestesia ya había desaparecido después de cinco horas y ahora podía sentir el verdadero dolor en la herida de mi espalda.
-un poco más de anestesia- dije rápidamente incorporándome en la almohada.
Quería sonreír, pero me daba cuenta que el estaba allí por otra cosa que no era precisamente que lo hicieran reír.
-Anker…-
-Lizzy, creo que te debo una explicación- dijo interrumpiéndome – se que viste y escuchas cosas que no tenias porque haber…
-deja de ser tonto, no escuche nada y en cuanto a tu condición, me lo esperaba peor- dije con la voz echa pedazos.
-Lizzy, por favor déjame explicarte…- veía por debajo de mi cabello como apretaba las manos, sabia que quería gritar pero no me podía permitirme que el sufriera por algo que yo causé.
-Anker, no hay nada, absolutamente nada que debas explicarme, yo no tenia porque meter mis narices en ese tipo de asuntos.
-Elizabeth, deja de ser estúpida –adiós al Anker tierno de hace un segundo- es verdad que no tenias derecho a escuchar mi conversación con Clarease, y si que mucho menos ponerte tan… -tomo aire antes de continuar- tan enfadada, porque se que lo estas, pero por mi culpa casi mueres en manos de esa bestia.
-pero estoy viva aun, eso es lo importante. Le respondí
-no.
-si, Anker, si y deja de discutir conmigo.
-¡ah! ¡¿Puedes dejar de ser tan obstinada solo por dos segundos?!
-¡oye! puedes ser un príncipe o lo que seas pero…
-¡te ordeno que te calles!- gritó.
No podía creer lo que escuchaba, ¿Qué se creía callándome? Ahora si se las iba a ver conmigo, o bueno, algo así.
-lárgate. Dije antes de empezar a llorar.
Esta era la segunda vez en una noche que Anker y yo discutíamos por lo mismo. Yo no era muy proclive a dejarme llevar por mis sentimientos frente a los demás, y si que mucho menos llorar, pero Anker era como un lector de rayos X que podía ver todo a través de mi. Quería decirle que lo amaba, pero el era demasiado terco como para dejarme hablar siquiera de eso.
Estaba llorando con tal fuerza que casi no respiraba, me dolía la espalda y el pecho, y para colmo tenia cientos de agujas clavadas en mis manos como para moverlas y secarme las lagrimas.
-oh, Lizzy- dijo el antes de acercarme para abrazarme.
Sabía que se sentía mal, lo podía sentir, pero aun no comprendía por que sentía tanto dolor y furia dentro, quería preguntárselo pero no era capaz de escuchar la respuesta sabiendo que era malo lo que iba a decirme.
-por favor, -dijo suavemente- déjame ser tu héroe, deja que te cuide y te proteja de todo, no soportaría el hecho de que te pasara algo.
A pesar de estar en un transe por las palabras que estaba escuchando, notaba algo raro en el. Era muy extraño que alguien mitad-vampiro se tornara caliente, o simplemente tibio, casi siempre al tacto eran fríos, pero no demasiado, y Anker no estaba precisamente así, sino caliente, como el fuego, de tal manera que su piel casi me quemaba.
-¿Qué te sucede?
-¿De qué hablas? Me siento muy bien-
-si me respondiste eso, si sabes que te sucede algo, habla de una vez.
-no me sucede nada, enserio Lizzy- era obvio que Anker no sabia decir mentiras, por mas mínimas que fueran, siempre le temblaba la voz tan fuertemente que lo delataba en segundos.
-esta bien, esta bien, solo enferme-
-sigues mintiéndome.
-no lo estoy haciendo, solo enferme.
-¿Cómo se supone que vas protegerme si…si mueres? Esas palabras salieron como cuchillos por mi boca haciéndome temblar.
-no voy a morir Lizzy, solo estoy con un poco de temperatura, no es nada del otro mundo.
Se que había leído algo en esa enorme biblioteca del palacio sobre la alta temperatura en seres como Anker, pero no lo recordaba.
-Anker habla ya, vas a hacer que muera yo primero de la preocupación.
-¿por que te preocupas?, si no estoy mal, hace un minuto me miraste como si me quisieras matar a golpes.
-porque, esto… porque –supe que estaba roja, encendida y con el corazón a mil, Anker me estaba confrontando y yo no podía hablar- me preocupas.
-Pero ¿Por qué te preocupo? ¿Qué valgo para ti? ¿Qué soy para ti? Dime Lizzy, dime, necesito saberlo- su voz sonada tan cálida como desesperada, sabia que para el tampoco era fácil ser sincero y decir lo que sentía, ahora mas que nunca supe a ciencia cierta ese dolor que vivía en el.
En ese momento pude sentir aun más el calor de Anker en mi cuerpo, me estaba apretando de tal manera que parecía como si quisiera fundirse en mí.
Quería permanecer así por siempre, el a mi lado, protegiéndome del peligro y yo cuidando su corazón, pero antes que nada debería ser sincera con el y el conmigo.
-porque te amo, Anker, y quiero protegerte- Dije finalmente acercándolo aun mas a mi.
La muerte de su madre, la presión de su padre, el cargo de una nación entera y casi mi muerte, habían sido demasiadas cosas para una sola persona en una sola vida, pero aun así, no podía entender que era peor que eso para tenerlo así.
Antes de separarse de mí, sonrió, me miro a los y ojos dijo. – Lizzy, creo que es hora de hablar-
continuará...
Catalina Bohorquez, TE ADMIRO :)
ResponderEliminarEsta es otra de las razones por las que te amo tanto, por tu DEDICACIÓN y CREATIVIDAD :D
Yo se que un día veré algún libro tuyo en la peye de librería de Los Molinos, y me sentiré muy orgullosa de ti, mucho mas que ahora.
TE AMO :)
Cata... me alegra comprobar como has ido añadiendo pequeños trocitos a esta maravillosa historia que tuve la suerte de que compartieses conmigo hace tiempo... Sigue así mi vida. Eres maravillosa!!!!
ResponderEliminarcontinuaraaa!!!!!nooo me aguantoo
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