hola!! bienvenidos!!

Para quienes mantienen
VOLANDO EN LAS NUBES
.
Para quienes viven en su propio mundo lejos de todo.
Este es el escape que todos tenemos a nuestro lugar feliz
y donde podemos ser nosotros mismos
sin mierdas extrañas.


VIVIR

Leer te hace volar, te hace llegar a un lugar que ni tus ojos ni tu mente pueden alcanzar. Vivir, es realmente eso, conocer el lenguaje del mundo para llegar al alma de la tierra, conocer cada instante para vivirlo con plenitud, es eso lo que le dara vida a todo tu corazón y donde la existencia va mas alla de la razón.

jueves, 17 de marzo de 2011

Lo nuevo - continuacion de "El principio"

Vivía en una realidad paralela al mundo que todos suelen vivir a diario. Un hogar, una escuela, una “vida” en general. El único detalle que no estaba bien conmigo era la extraña obsesión por lo sobrenatural que tenía desde que puedo recordar algo.

Mantenía mi cabeza y mi mente inmersas en los libros, que a mi parecer eran muchísimo más interesantes que la banal historia dramática de todos los días de toda la gente. Yo quería acción y allí la encontraba, pero jamás imaginé estar prácticamente en el fondo, sumergida y amarrada en algo como esto, tan parecido a las historias que me obsesionaban tanto.

- Oye ¿Estás bien? – Susurró Anker que ahora estaba detrás de mí sin quitarme la mirada de encima a través de la ventana, casi como si quisiera descifrar mi rostro reflejado en ella. Yo asentí automáticamente casi como si no lo escuchara aun absorta en mis pensamientos.

Miré su reflejo dudando de que realmente él estuviera allí conmigo. Estaba tenso y con los ojos clavados en mí y en la sangre que corría por mi rostro como si estuviera preocupado. Pase de un reflejo al otro intentando descifrar que podía estar mal en el cuadro o en búsqueda de la realidad, pero una y otra vez todo fue lo mismo.

Aun tenía el cabello mojado, incluso en algunas partes congelado, unos cuantos raspones en la frente que me seguían sangrando y un terrible ataque de hipotermia que se calaba hasta mis huesos. Un excelente comprobante a toda esta historia. El dolor físico.

Fue inevitable no hacer una mueca al darme cuenta que todo esto, el dolor, la sangre, el frio, el, yo… todo era real.

Pude ver por el cristal como subía una mano lentamente para posarla sobre mi hombro. Su contacto helado con mi piel me hizo estremecer.

-Para ser alguien que está vivo tienes una temperatura demasiado baja, incluso si tuvieras hipotermia o algo por el estilo sigues estando demasiado...

-Frio, lo sé- dijo interrumpiéndome- pero eso no contesta a mi pregunta.

Sabía que no quería hacerme daño, después de todo me había salvado de mis secuestradores, pero ¿Cómo era posible que una persona tan joven como él fuera tan… tan seria?

-Umm… esto, si estoy bien, gracias, pero creo que el que está mal eres tú, ¿te duele algo? ¿Tienes algún problema?...

-¿De qué diablos estás hablando?

-Hablo de que no paras de mirarme como si me fuera a desmayar en cualquier momento, ya paso es peligro ¿no es así?

-Creo que no te molestaré más por ahora. Iré a buscar algo que pueda utilizar para vendarte- dijo mientras se alejaba.

-Oye, Anker, Lo lamento, no fue mi intensión...

-Descuida, no eres la primera persona que me lo dice- Pude ver como tensaba los músculos de la espalda cuando hablaba– tratare de no presionarte tanto la próxima vez, lo prometo, solo estaba algo preocupado por ti, eso es todo.

¿Qué se supone que debe responder alguien a algo como esto? Su voz era tan cálida, tan diferente a todo lo que podía ver a simple vista, tan diferente a sus ojos azul cielo y a su temperatura que se asimilaban a los días del invierno. -Esto, Umm… creo que en el almacén que hay debajo de la escalera hay un botiquín de primeros auxilios con algunas cosas que te serán de ayuda.

El volteó para mirarme y el reflejo de la poca luz que entraba por la ventana le ilumino los ojos, eran tan hermosos ¿Cómo es que antes no lo había notado? Yo abrí la boca casi como por arte de magia por el asombro y el sonrió para luego desaparecer en la oscuridad.

Anker, para ser alguien totalmente desconocido para mi hasta hace unos minutos estaba causando demasiado impacto en esta extraña relación, tanto que me ponía los nervios de punta cada vez que abría la boca, eso sin mencionar que no era una persona de muchas palabras para ser un adolecente corriente. Pero bueno, ¿Qué podía tener de normal alguien que anda por las calles salvando niñitas tontas que se meten en problemas que no le incumben? No creo que mucho.

“Todo lo que acabas de vivir no ha sido más que el producto de una ilusión...”

Continuara...

domingo, 20 de febrero de 2011

El principio

Ya había pasado más de una semana desde que mamá se había ido para Europa, dejándome completamente sola –bueno- en manos de una tarjeta de crédito y mi tía Diana, que a decir verdad no había hecho más acto de presencia en mi vida que la tarjeta de crédito desde entonces, dejándome únicamente con un teléfono celular que me había regalado unos días antes de irse, dinero y unos chocolates. Sí esto no era sinónimo de “estar sola” no se que mas podría serlo aparte de todo, no conocía a nadie mas en esta ciudad.

Era estúpido pensar en lo mala que había sido la elección de mamá y mas por el simple hecho de que un ser humano tan sobreprotector como ella, jamás me habría dejado sola en una ciudad en la que apenas llevaba un mes, al mando de mi tía, alguien que no podía mantener vivo un pez por mas de dos días, sin mencionar que nunca hablaba con ella de nada, eso si es que se sabía mi nombre. Pero cada día que pasaba sola, sin ella me hacia recordar mas y mas el momento en que se fue y cuanto la extrañaba.

-Te extrañare tanto, aun no puedo creer que te vayas tan lejos de mi y tanto tiempo, mamá- le dije entregándole con algo de resignación un par de cartas que había escrito, un Ipod repleto de música clásica para el viaje en avión y unos cuantos libros de bolsillo para las horas restantes en el tren de llegada.

-Como yo a ti, Lizzy – vi como respiró profundamente antes de continuar- velo por el lado amable, vas a madurar.

- ¿Más?

-Pequeña, lo que quiero decir es que veinte meses no es tanto tiempo como para que no puedas sobrevivir sin mí, aparte de todo será una experiencia divertida, ¿No lo crees? Ya verás que estaré de regreso antes de lo que imaginas.

Mamá era una mujer adorable, mi mejor amiga en el mundo -la única de hecho- adoraba todo de ella, pero su absoluta e irreverente terquedad me hacia querer ahorcarla. Le había suplicado diez mil veces, quejado, rogado, arrodillado y llorado para que no se fuera, y que si era así que me llevara con ella porque moriría en menos de dos semanas sin ella a mi lado en este lugar, pero como era de esperarse su respuesta fue un NO rotundo y como explicación era que la escuela, “mis amigos” y las obligaciones con la sociedad me necesitaban mas que ella mientras trabajaba y que le seria mas útil estando aquí cuidando mi hogar que allá encerrada con mis abuelos. ¿Qué amigos? ¿Cuál escuela? ¿Qué obligaciones? No conocía a nadie, todas las escuelas estaban cerradas a causa del invierno y la única obligación que tenía aparte de mantenerme cuerda era limpiar la nieve de la entrada cada semana. Que yo supiera, el hecho de no conocer el lugar donde vives, llevar allí menos de treinta días y no conocer a nadie mas que a tu tía loca no implicaba nada de madurez, sino mas bien supervivencia moral.

Desde siempre, mamá había tenido sobre sus hombros el peso de todos los gastos que producía sostener a nuestra pequeña familia, porque por otro lado, mi padre, según me decían, había muerto poco antes de que yo cumpliera un año en un viaje de ex­cavación en Portugal. Eso, sumado a que desde siempre había vivido más en los libros que en el mundo real me habían llevado a ser así; demasiado madura para mi edad y algo amargada, aunque para ser sincera no me disgustaba ni un poco.

-Mayor Thot, ha sido un placer y un honor haber servido junto a usted- dijo mamá saludando con la mano en la frente, como en el ejercito.

-El placer fue todo mio, teniente Thot- dije yo es respuesta antes de que mi voz se quebrara por completo y mis ojos empezaran a nublarme la vista con las lágrimas.

Mama había servido a las fuerzas especiales de nuestro país en Roma antes de tenerme a mí, allí había conocido a papá, que era de Grecia y se había casado con él dos años después de conocerlo. Roma había sido mi cuna y hogar durante un año, donde nací y me crie hasta que papá falleció.

Afortunadamente no recordaba nada de eso y no sentía ningún tipo de vacio adolecente o dolor en absoluto por su muerte porque no recordaba nada que tuviera que ver con él. De hecho, me bastaba con las imágenes y visualizaciones que mamá había puesto en mí sobre papá. El de alguna manera era un héroe para mí, incluso después de saber que no estaba vivo todo lo que sabia de el era maravilloso.

Luego de eso, mamá y yo regresamos a Estados Unidos, donde ella se convirtió en una vendedora de bienes raíces intentando dejar su emocionante pasado atrás y olvidar todo lo que había vivido, donde yo crecí sin un padre a mi lado, solo fotos y algunos recuerdos. De hecho nunca hablaba o preguntaba cosas que tuvieran que ver con él porque a mamá le disgustaba un poco tener que recordarlo, pero ahora, por alguna razón que aun no entendía, ella tenía que regresar al lugar donde todo comenzó y terminó, de donde se fue para no tener que sufrir mas, como si todo la basura sentimentalista que me había dicho de querer olvidar su pasado no fuera suficiente. Lo único diferente era que esta vez no iría como elemento especial, sino como una vendedora de bienes raíces.

-Te amo- nos dijimos con un último abrazo, tan corto que casi ni pude sentirlo.

Era increíble como un simple recuerdo tenia la capacidad de amedrentarme y hacerme enfadar como una niña pequeña y malcriada a la que no le dieron el juguete que quería, solo que, claro, yo aun seguía siendo una. Dieciséis años no implicaba realmente una gran responsabilidad moral para nadie.

En conclusión, estaba sola, triste, amedrentada y como si no fuera poco ya empezaba a tener conversaciones conmigo misma en voz alta.

Había sido una semana realmente mala. Había llovido casi todo el tiempo, mi auto se había quedado paralizado sin dar señales de vida de un momento a otro y para colmo no tenia un paraguas que me refugiara de la lluvia si quería salir a caminar.

-por lo menos hoy no tengo que salir a ningún lado- dije enfadada mirando por una de las ventanas de la cocina. Aun estaba lloviendo, mi auto seguía en “coma” y todavía no compraba un paraguas -o bueno, quizás si por el paraguas.

Sabía que era sábado y que aun no anochecía, pero había perdido totalmente la noción de los días después de la primera semana sin mamá. Tanto tiempo sola no le hacia ningún bien a nadie y ya que normalmente pasaba este tiempo con ella, charlando sobre lo fea que era la vecina o haciendo palomitas de maíz para luego ver una película o simplemente no hacer nada durante toda la noche me dejaba sin nada que hacer.

-Que aburrido es esto- dije sonando mas desesperada de lo que había creído estar. Era irritante tener que escuchar mi voz todo el tiempo. En mis pensamientos, cuando hablaba, reía, lloraba, siempre era mi voz la que retumbaba en la casa, ni siquiera tenía un perro o un gato a quien escuchar o callar, solo era yo, yo, yo y otra vez yo.

Me tumbe en el sofá marrón que había en la sala y cubrí mi rostro con la capa de mi abrigo intentando no mirar la casa para intentar pensar en otra cosa que no fuera mamá, pero era completamente inútil, aunque no pudiera ver lo que me rodeaba, todo aquí hacia mas difícil no enloquecerme, incluso podía escuchar su risa acampanada en la cocina…

–un momento- me concentre mejor en el sonido y preste más atención a ese ruido acampanado que provenía de la cocina. Abrí los ojos de golpe. No se parecía tanto a como ella reía. No era la risa de ella, era realmente “algo” lo que sonaba. Me había quedado dormida y el timbre del teléfono me había ido despertando poco a poco haciéndome escuchar cosas. Me paré apresuradamente y algo enfadada por la somnolencia a buscar el aparato, que no estaba en la base, donde se suponía que debía estar.

-Mierda, donde estas… ¡la cocina, tonta! -si, ¿Diga?- contesté al fin.

-¿se encuentra la señora Lisa Thot?- dijo la voz de una mujer al otro lado del teléfono.

-umm, lo lamento, no se encuentra en el país, esto… ¿quiere dejarle algún mensaje o…?

-llamo de la oficina de correo de Central Park, ha llegado un paquete del extranjero para ella, dice entregar personalmente…- Excelente, ¿Qué pretendía que hiciera yo? ¿Qué la trajera desde Roma para entregarle un paquete?

-Ya le dije señora, no está en el país, si quiere...

- ¿Y quien es usted? - ¿y a usted que le importa quien soy?

-soy su hija.

-¿le molestaría venir por el paquete antes de las siete treinta? Es urgente.

-umm, creo que no hay problema, ¿por quien…?

-Emma Rodríguez, oficina tres, pasillo número dos. La dirección es…

-está bien, ahora…

-fue un placer serle de ayuda, siempre a su servicio- dijo Emma dando por terminada la conversación antes de colgar el teléfono.

¿Cuántas veces habría dicho eso el día de hoy hasta parecer una máquina contestadora? Y ni siquiera me había dicho la dirección ¿Cómo diablos pretendía que llegara allí si no sabía cómo?

Podía imaginarla sentada detrás de un escritorio barato, con el cabello recogido, el uniforme verde oscuro de chaqueta y falda de la oficina de correo que seguramente no harían juego ni en un millón de años con unos zapatos de flores rojas, unas gafas enormes con los marcos de color café oscuro, una mirada desviada y fija en la pantalla del ordenador, los labios de color escarlata que estaría incluso en sus dientes y una goma de mascar que llevaba todo el día en su boca.

Era deprimente y un poco perverso de mi parte imaginarla así, pero después de todo ¿Qué podía esperar de alguien cuyo nombre pronunciaba casi como si fuera ajeno a ella? No mucho.

Pero, hablando de todo, los únicos parientes y conocidos de mamá eran mis abuelos que vivían en Roma, mi tía Diana y Carla, su mejor amiga, que estaba de luna de miel con su esposo en una isla del Caribe. ¿Quién y por qué había mandado un paquete privado y urgente a mamá y desde lejos?

-Bueno, siendo sincera, no pienso quedarme con las ganas- así que tome mi maleta, me puse el impermeable y salí hacia la oficina de correo.

Mi vida hasta ahora –Bueno la ultima semana- había sido totalmente monologada, el fin de las clases y la soledad en mi casa ya habían causado una seria perturbación en mi sistema nervioso, porque desde entonces no hablaba con nadie, ni siquiera me había preocupado por regar las plantas del jardín ya que la lluvia lo hacia por mi, eso, sin dejar atrás que ahora pensaba en voz alta.

Las calles, a pesar de estar en vacaciones, estaban totalmente vacías a causa de la lluvia, cosa que no ayudaba para nada a mejorar mi paranoia y para colmo había comenzado a llover aun mas duro así que apresure el paso hasta llegar a Central Park.

Busque de lado a lado con la esperanza de encontrar la oficina o alguien que pudiera decirme donde estaba, pero la única persona que estaba allí en ese momento era una señora, parecía una momia, de unos ochenta años que estaba sentada en una banca al lado de una farola con una luz intermitente, sola y alimentando aves con granos de maíz, moviendo su mano dentro y fuera de la bolsita donde estaba la comida con un esfuerzo sobrehumano. ¿Qué hace una abuelita a esta hora, con esta tormenta cuando no hay nada abierto y sola en Central Park? Nueva York era demasiado grande y poblada para estar tan sola ¿Cómo es que no había nadie mas?

-Ni modo- me encogí de hombros- nunca juzgues a la primera-

-Disculpe ¿sabe usted donde se encuentra la oficina de correo?

La señora, que tenia la mirada fija en el suelo, las aves y el maíz, subió el rostro para mirarme y me sonrió en cuanto me vio. Tenía los ojos casi blancos, una nariz de gancho y con un solo diente en su boca. Me estremecí al verla. Era un poco aterradora y la luz que la iluminaba, mas la bruma que inundaba el lugar, hacían parecerla como la bruja malvada de blanca nieves, solo que, claro, ella no tenía manzanas envenenadas ni poderes mágicos para asesinarme.

Asintió y extendió la mano para señalar algo a la derecha detrás de mí, volteé para ver que era, y allí estaba la oficina de correo, con un letrero enorme de color verde y blanco que alumbraba tanto que me hizo doler los ojos después de un momento de haberlo estado mirando ¿Cómo es que no lo había visto?

-Esto, gracias- dije mientras salía corriendo hacia donde estaba el letrero.

Llegué a la puerta de inmediato, tenia una cinta verde oscuro que la atravesaba y un letrerito blanco que decía y una calcomanía blanca mas debajo de esta que decía . Podía sentir el calor de la calefacción del lugar, quería entrar. Estaba helada y muy mojada a causa de la lluvia, pero cuando halé la puerta para entrar escuche un grito amedrentador que me hizo soltarla. Me estremecí; y con un impulso casi ajeno a mi, volteé pensando en la pobre señora, sola y sin nadie que la pudiera llevar hasta su casa o ayudarla a correr si algún ladrón quería robarle, quería ayudarla porque sabía que ese grito había salido de su boca, pero cuando miré en dirección a donde se suponía que debía estar ya no había nadie sentado allí, la banca estaba vacía y en su lugar había un gato negro, devorándose una paloma que seguramente era una de las que la señora había estado alimentando antes.

-¿pero como rayos hizo para irse tan rápido si apenas podía moverse? Oh no… ¿le habrá pasado algo?- la idea me espantó, pensé en la bruja y en su aterradora tez, convirtiéndose en algo monstruoso y volando sobre la ciudad en su escoba con la pobre abuelita muerta sobre ella.

Abrí la puerta de golpe, con una fuerza demasiado innecesaria que la hizo estremecer cuando toco la pared. Me incorporé de un salto hiperventilando, temblando y muy nerviosa.

Cuando entré en la pequeña estancia note que había algo que no cuadraba del todo allí, con los nervios como los tenía, hasta el más mínimo detalle me fastidiaba a simple vista. Era un reloj de péndulo sobre uno de los cubículos. Era demasiado grande para estar en una oficina de ese tamaño, aparte de todo, chillaba con el verde moho que poblaba todo en ese lugarcito, las paredes, la mueblería, las puertas, el baldosín, y los uniformes de los empleados, sin mencionar que hacia eco en el silencio del lugar. Marcaba las seis treinta.

Justo a tiempo.

Tomé un ficho y me senté a esperar mientras me calmaba. Solo había dos personas mas aparte de los empleados y el guardia de seguridad que estaba ahora afuera de la puerta de entrada después de mi aterradora aparición. Ambos eran hombres y llevaban una peculiar ropa negra que los cubría hasta los tobillos. Tenían el cabello negro con algunas canas, corto, mojado y despeinado seguramente a causa de la lluvia y un extraño bigote, separado por la mitad y demasiado parado en las puntas que los hacia lucir como si fueran de otra época.

Cuando mi número salió en el tablero de llamados me pare al instante y casi brinqué al cubículo tres donde posiblemente Emma estaría esperándome. Aun estaba muerta del susto.

-¿En que le puedo servir señorita?

-esto, buenas noches, vengo a recoger un paquete para Lisa Thot…umm yo soy su hija, si no estoy mal hace un rato usted hablo conmigo por teléfono – sonaba un poco temblorosa cuando hablaba, pero a decir verdad escuchar la voz de alguien mas en tanto tiempo y en carne y hueso fue lo mejor que me puso haber pasado, incluso si se tratara de la maquina contestadora que me estaba atendiendo.

-si señorita, yo soy Emma Rodríguez- respondió ella sin siquiera mirarme –espéreme un momento confirmo algunos datos.

Efectivamente, ella era exactamente como la había descrito, demasiado asertiva para ser verdad. Media muerta, sin expresión alguna en el rostro y Fea con F mayúscula Emma siguió hablando sin parar entre mis cortas respuestas y yo parecía una idiota con una sonrisa de oreja a oreja que no podía esconder a pesar de estar como estaba.

Luego de un rato de preguntas sobre mi madre y de tomar mis datos personales, sacó una pequeña bolsita de un compartimiento bajo sus piernas. No estaba envuelta en los papeles verdes de la oficina de correo, no tenía sello de seguridad o código postal, ni siquiera el lugar de envío, únicamente una delicada tarjeta con la dirección de mi casa, el nombre de mi mamá y una firma que no reconocí, todo en letra cursiva y hecho a mano.

-Que raro aquí jamás reciben nada que no sea envuelto en mil papeles, con algún sello de seguridad o…

Emma extendió la mano como si quisiera callarme.

-Aquí tiene, señorita Elizabeth, siempre a su servicio- aun sin mirarme, me entrego finalmente una bolsita. Era roja y pesada pero muy suave, con diminutos encajes negros y blancos que formaban una alada forma con arabescos al unirse, debajo había algo escrito. Extendí la bolsa para mirar mejor las letras. F A L C O.

No sabía en absoluto que significaban esas letras, de hecho jamás había escuchado algo así. Cada vez esta noche era más rara y confusa, y yo que no estaba para nada nerviosa lo estaba tomando con mucha calma.

Sin si siquiera moverme de donde estaba, abrí la bolsita para ver su interior, no podía imaginar algo que fuera tan pequeño y pesado al mismo tiempo para caber en esa envoltura. Estaba demasiado ansiosa y neuróticamente nerviosa como para esperar a llegar a casa, no me podía quedar con las ganas de ver lo que había dentro tanto tiempo.

Era una piedra cristalina, como un rubí carmesí o algo por el estilo.

Metí la mano para sacarla, pero en el momento que la piedra tocó mi piel, un brillo del color del sol se desprendió de ella y resplandeció con una fuerza tan potente que me hizo doler los ojos. Solté la bolsa de golpe para taparme el rostro y esta calló al piso resonando en la pequeña estancia.

Emma y los dos hombres de negro que se encontraban conmigo en la salita centraron la mirada en mí y luego en la roca que estaba en el suelo bajo mis pies mientras me agachaba para recogerla como si estuvieran viendo alguna especie de película de acción y este fuera el momento crucial.

-Esto… umm, Gracias- respondí distraídamente mientras me alejaba del cubículo hacia la salida centrando toda mi atención en la piedra, en el paquete que la contenía y en las letras que estaban en el, intentando encontrarle algún significado lógico a todo esto sin pensar en nada más. Metí la bolsa en el bolsillo interior de mi abrigo y cerré la puerta sin mirar atrás.

Cuando salí de la oficina de correo noté que había dejado de llover, pero a pesar de todo, el frio en comparación a lo caliente que estaba la oficina de correo era tan potente que se calaba en los huesos con una facilidad y rapidez que en pocos segundos me hizo tiritar.

Empecé a caminar por la calle, aun estaba nerviosa y un poco desconcertada ¿Qué rayos acababa de sucederme? Las rocas no brillaban con tanta fuerza, de hecho, ni siquiera un meteorito acabando de entrar en la atmosfera resplandecería de esa manera. Nunca había sido mi fuerte manejar sorpresas de este tipo, o de ningún otro, pero estaba tan asustada que cuando me di cuenta había pasado la calle próxima a mi hogar y estaba en un callejón solo y sin salida.

Sentía el peso de la piedra en el abrigo, incluso su temperatura calurosa. Apresuré el paso y comencé a correr en dirección a mi casa sin mirar atrás, pero antes de llegar a una esquina en la que intente voltear vi que conducía a un callejón sin salida.

Me di la vuelta para tomar otra dirección pero cuando fije la vista en el costado opuesto a la calle en la que me encontraba note que había alguien observándome. Me estaban siguiendo. Eran los dos hombres peculiares de negro que habían estado conmigo en la oficina de correo

–La piedra-

Pensé por un momento que querían robarla, pero cuando recordé que ellos no habían visto nada más que la bolsita roja en la que estaba, me di cuenta que lo que querían era yo. Una jovencita, sola en la calle en una noche como esta no seria presa difícil para alguien que buscara a quien robarle, o aun peor… aunque bueno, teniendo en cuenta la pinta que llevaba el día de hoy no me sorprendería que me dejaran ir apenas me vieran la cara con atención suficiente para estaba de espanto.

Seguí corriendo pero esta vez en dirección opuesta al callejón esperando encontrarme algún negocio abierto, licorera, restaurante, bar, burdel, lo que fuera donde hubiera alguien más que no fueran esos dos tipos. Corrí hasta llegar a la calle que salía en dirección al lago de central Park, estaba empapada, llena de agua y sudor, sin mencionar las lágrimas que caían torrencialmente por mi rostro, no hubiera sido mala idea esconderme allí de no ser porque si me tiraba al agua moriría de hipotermia.

Había comenzado a nevar.

-Dios mio, ayúdame- dije desesperada. Los hombres seguían tras de mi, caminando como si supieran que por mas que yo corriera jamás escaparía de ellos. Me deshice del abrigo para aligerar la carga y me metí el paquetico con la roca entre mi sostén y el top de la camisa para comenzar a correr de nuevo. Llegue al lago.

¿En que diablos estaba pensado? ¿Qué no hubiera sido más fácil tirarles la roca y alejarme hasta que se recuperaran del golpe o gritar para pedir auxilio, un celular o algo parecido en vez de deshacerme del abrigo y seguir corriendo como una loca?

Ya llevaba varias calles recorridas en vano sin encontrar algún lugar abierto.

Estaba completamente desorientada, mojada, tiritando por la sensación que ropa húmeda y el frio producían al contacto con mi piel y para colmo ni siquiera sabía si la dirección en la que me estaba dirigiendo era la correcta para salir de la vista de los hombres que me estaban persiguiendo o llegar a salvo a algún lugar seguro. Ambos corrían tras de mi sin siquiera hacer la mitad de ruido que mis estruendosas pisadas producían, parecía como si volaran.

-¿Dios, por qué a mí?-

¡¿Qué diablos quieren de mí?!- grité desesperada, eufóricamente enfadada por no saber que hacer, pero no dijeron nada como si supieran que el silencio me haría enloquecer aun mas. ¿Qué tenía yo de especial? ¿Qué querían de mí? ¿Querían la piedra que llevaba, o a mi?

Gire en la primera esquina que vi, luego otra vez en la de la calle que acababa de pasar y así me la pase por un rato, corriendo de un lado a otro para intentar perderlos o hasta encontrar algún lugar donde pasar la noche, pero mientras corría por una de las mil calles que se atravesaban en mi camino vi como se alzaba a lo lejos una especie de construcción abandonada o bóveda al lado de un rio que al parecer había sido un muelle de embarcación pero que ahora estaba casi deshecho. Un perfecto lugar para perderlos de vista de no ser porque había llegado al mismo lugar donde había comenzado todo.

Seguí corriendo en dirección al lago, paré y miré hacia atrás con la esperanza de que mi plan hubiera funcionado, pero no fue así, los dos hombres seguían tras de mí y estaban tan cerca que casi podía verles el rostro por completo. Sonreían como si supieran que yo ya era su presa, algo que ya era de ellos y que por nada del mundo se iba a escapar de sus manos.

Tenía el corazón en la garganta latiéndome como si fuera a desbordarse en cualquier momento, los oídos taponados, la respiración entrecortada, náuseas y para colmo estaba llorando y tiritando de una manera catastróficamente ruidosa que no me ayudaba en nada para la situación de este instante y como si no fuera poco, llegando a la construcción me topé con un lío enorme que me hizo angustiar aun más. Una gran canalización sin un puente, que se interponía entre la construcción y mi posición.

Busqué desesperadamente de lado a lado algo que pudiera serme de ayuda para pasar, pero no había nada más que vidrios rotos, latas de cerveza y pedazos de algo que seguramente en el pasado había sido una red de pesca. Descendí un poco hasta toparme con una planicie que estaba a poco más de un metro del agua, más cerca al otro extremo y allí por fin vi debajo de donde me encontraba, unos pedazos de madera larga y plana que posiblemente serian mi escape hacia el otro lado. Los tomé y los crucé de lado a lado creándome un puentecito.

Estaba aterrada, muerta de pánico, pero debía cruzar. Mi fuerte jamás había sido el equilibrio, pero debía intentarlo a menos de que prefiriera que esos dos lunáticos me robaran, mataran o peor aún…

De un salto en otro crucé por el puentecito de madera, que al último paso que di se quebró bajo mis pies haciéndome resbalar y raspar contra el asfalto que cubría la canalización. Trepé hasta arriba y cuando me hallé parada en lo alto busque la entrada de la construcción antes de darme la vuelta para darme cuenta que los hombres de negro habían dado un salto increíblemente largo de un extremo al otro para alcanzarme.

Corrí como una loca hasta encontrar una puerta, la principal, que estaba cerrada con tablas, clavos y vidrios rotos que no había visto hasta que por intentar quitarlas me corte la palma de la mano. Me estaba saliendo sangre por montones y la mano me empezaba a doler, pero tenía, como fuera, que quitar las tablas de allí si quería desaparecer de la vista de esos dos tipos, así que empecé a jalar desesperadamente, enterrándome astillas y pedazos de pequeños vidrios que estaban pegados a ellas pero las tablas no se movían por más que yo intentaba. Me tumbe en el suelo rendida y llorando ¿Qué se suponía que podía hacer? Estaba llena de sangre, con una herida abierta, vidrios enterrados en todo el brazo, astillas en todos los dedos, mojada, nerviosa, mareada y adolorida por todo lo demás ¿Cómo era que no me había desmayado aun? No lo sé, pero lo que si tenía muy claro era que aun así, media muerta no quería morir realmente o ser secuestrada, atracada o lo que fuese que posiblemente podía sucederme si me quedaba allí en el suelo sin hacer nada y sin reaccionar rápido, así que me puse de pie y mi instinto de supervivencia, desesperación, valentía, coraje o como le quisiera llamar, le ganó a todo, incluso por un momento deje de sentir el dolor punzante de mi mano y en un extraño ataque de adrenalina tumbe las tablas de la puerta con una patada y me incorporé de un brinco dentro de la solitaria estancia para correr y esconderme detrás de unos barriles en la parte de atrás.

El lugar apestaba a comida de mar rancia, agua salada, muebles viejos y carbón, y el olor dulzón de mi sangre ya estaba comenzando a impregnar el aire mezclándose con la humedad, y el suelo y mi ropa mojada ya estaban cubiertos por ella y yo comenzaba a sentirme realmente mal.

Me senté con cuidado en el suelo sin hacer ningún tipo de ruido, escondiéndome lo mejor que pude detrás de los barriles cuando vi que los sujetos entraban por la puerta improvisada. Escuchaba una especia de siseo desde donde estaban ellos, murmuraban, se miraban y hacían señas en mi dirección como si supieran donde me encontraba. Me estremecí de solo pensarlo. Espere un momento hasta que se pusieron a andar y para mí fortuna tomaron el rumbo opuesto a donde me encontraba yo. Me quede lo más quieta que pude, casi sin respirar esperando a que no notaran mi presencia o encontraran mi posición y se alejaran lo más que pudieran de mí mientras caminaban a lo lejos, pero cuando creí estar a salvo de todo peligro unas manos me ataron por detrás, abrazándome y tapándome la boca dejándome inmóvil.

-No te alteres, no soy de los malos, voy a quitar mi mano de tu boca pero debes prometerme que no vas a gritar- dijo el extraño que apareció de la nada.

Asentí con la cabeza y el me soltó como lo había prometido.

-Esto… hola, vine a ver en qué problema te habías metido, y por lo que veo soy demasiado oportuno y…

-Oye y ¿Quién diablos…?

- Necesario - me interrumpió mientras se ponía de pie sin prestarme atención- para ti en este instante como para que me rechaces, refutes o lo que sea que pienses hacer, así que si me perdonas tengo que acabar con esas dos bestias pestilentes que te estaban persiguiendo.

domingo, 3 de octubre de 2010

THE JEWEL (pedacito de un pedacito)

Estuve sentada en mi cuarto por casi dos horas esperando la señal de la luna llena. Por fin estaba en lo alto del cielo, asomándose por el capitel de mi ventana.


Era hora de irme.

-Vamos, Lizzy, no puede ser tan malo –me repetía innumerables veces frente al espejo para calmar la angustia.

Había estado tan ocupada en mi nerviosismo que no me había dado cuenta de lo bien que me veía esta noche. Estaba hermosa; y no hermosa como el día de los bailes de fin de curso o como cuando mamá me lo decía en la mañana después de despertar, sino realmente hermosa, más allá de mi cabello, el maquillaje o el vestido blanco sin tirantes que llevaba puesto. Era casi una sensación de júbilo, era como si lo sintiera en mi interior.

-Lo peor que puede suceder es que pises a alguien si te sacan a bailar- me dije luego de un suspiro. No sabía bailar, ni caminar sin tropezarme o hacer cualquier otra cosa se relacionara con movimientos de coordinación, de hecho ya era demasiado esfuerzo para mi, no caerme cuando estaba de pie. ¿Qué podría salir mal? Nada en absoluto. Me sentía con tanta fuerza y poder que era increíble. Así que practiqué mi mejor sonrisa, respire varias veces y salí.

Cuando comencé a descender por las escaleras una potente y torrencial corriente de aire entró súbitamente por la ventana haciéndome estremecer.

La noche estaba tan fría y gélida como la primera vez que entré, incluso la luna causaba el mismo efecto en el ambiente.

Era como si hubiera un gran reflector en dirección a miles de cristales esparcidos por el techo haciendo que el suelo se encendiera como si hubiera millones de lucecitas que iluminaban tenuemente el espacio para dar esa apariencia que tanto detestaba, pero no fue precisamente esa sensación de horror lo que me hizo recordar el motivo de haber aceptado que me secuestraran todo el día hasta dejarme como una persona normal y decente del siglo XVI para esta noche.

Había pasado más de doce horas en un salón del castillo en manos de la nana de Anker, -la Sra. Gordon- que intentando mejorar mi aspecto físico, solo que yo era una chica del siglo XXI y todo lo que implicaba aquello era malo para ella, que era una vampira de mas de trescientos años.

Yo tenía un cuerpo delgado y sin gracia, ojos miel detrás de unos lentes que sostenía una nariz con pecas, unos labios tenues que casi siempre estaban de color rosa y un cabello castaño oscuro, largo, el cual estaba acostumbrado a llevarlo suelto y despeinado todo el tiempo, y que para colmo tenia un enorme mechón blanco que lo atravesaba de punta a punta.

Siendo así, no había nada en mí que tuviera que ver con la edad media, ni mi cuerpo, mi cara o mi cabello, de hecho, hasta mi lenguaje era totalmente inaceptable para ellos.

Discutimos las primeras dos horas por como tenía que llevar el cabello. Yo lo quería suelto y libre como siempre, sin nada mas que un peine o algo por el estilo, pero la Sra. Gordon lo quería en una moña con algunas ondulaciones en frente.

-¡No!- dije por enésima vez en lo que llevábamos discutiendo.

-Vamos, Lizzy, ¿tienes que ser siempre tan poco dócil?

-Por favor, se lo ruego, ya es demasiado para mi tener que utilizar vestidos todos los días-

-Déjame intentarlo, ¿si? Se que te verás hermosa-

Ella era una mujer realmente encantadora y dulce, así que finalmente logró convencerme.

Luego de haber terminado dijo.

–Creo que ya estás lista - volteándome hacia el espejo.

Tenía una moña hermosa con listones blancos que hacían juego con mi vestido; caían de la cabeza hasta la cintura, dando la ilusión de tener pedazos de cabello suelto. En frente, a pesar de estar totalmente recogido, había una ondulación que hacia el peinado aun más bonito. Era un pedazo de mi cabello blanco. Finalmente, arriba de mi cabeza coloco una pequeña tiara blanca con diamantes que me hacia lucir como una princesa.

Ahora notaba porque tenía razón.

Yo estaba fascinada, y con los ojos como platos por la emoción. Me había dado cuenta que la Sra. Gordon a pesar de haber vivido en la antigüedad, tenía razón, así que procure guardar silencio y prestar atención a su trabajo.

Las siguientes cuatro horas, pasaron volando y en completo silencio sin siquiera darme cuenta, hasta que por un error de ella regrese a la realidad.

Cada vez que escuchaba el nombre “Anker” era inevitable que el pánico y el sudor aparecieran estropeándolo todo.

-En conclusión –dije distraída después de un rato- no hay nada que pueda hacer en contra de mis impulsos nerviosos.

-deja de ser tan pesimista, eres una pequeña hermosa y muy femenina.

-Si, claro, tan hermosa y femenina que sudo como un hombre.

La Sra. Gordon sonrió.

-Lizzy, que estés nerviosa y a punto de explotar de amor es muy diferente a que sudes como un hombre.

-¡Prometiste no volverlo a mencionar! – Grite – ¿Cómo pretendes que acabemos si lo único que haces es hablar de eso?

-¿A que te refieres? ah, si, lo recuerdo, pero aun no entiendo que es lo que te molesta, estar enamorado es maravilloso y más de un joven como Anker, si yo fuera tú ya estaría mas que desposada, aparte de todo estas quedando hermosa, así que guarda silencio si es que quieres salir pronto de aquí.

-Por si no lo recuerdas - Le dije señalándole la argolla que tenia en el dedo – ya estoy casada con él, aparte, tú mas que nadie sabe que la Srta. Clarease y Anker están comprometidos desde el momento en que nacieron.

- vamos, cariño, sabes muy bien que eso que tienes ahí no es más que el simple símbolo – sentí como se me heló la espina dorsal al escucharla decir eso- y el hecho de que ellos estén comprometidos no significa que estén enamorados.

-¿De que hablas?

-Querida, hay muchas cosas que aun no sabes sobre los hombres, y menos de Anker. Dijo la Sra. Gordon poniendo los ojos en blanco como si la respuesta fuera tan obvia que era patético no saberla.

- Si, eso lo se, solo que Anker no es un hombre, o bueno, no del todo…

- Oye, ser mitad vampiro no te condena a ser diferente, Elizabeth; solo te hace mas especial, no es culpa de Anker que tu no te decidas de una vez por todas a decirle lo que sientes.

Y así terminaban una y otra vez las conversaciones que teníamos sobre él hasta que el día terminó y yo finalmente estuve lista para subir y vestirme, para luego bajar y encontrarme así.

Seguí caminando hacia el salón, divagando entre mis pensamientos, intentando encontrar las razones que me tenían agobiada y no me dejaban ser sincera con Anker, pero estaba tan sumergida en mi que no me había percatado de que ya había llegado sino hasta que alguien me saco de mis profundos pensamientos chocando conmigo.

-Disculpe. Dije, sin dejar de mirar el suelo apresurando el paso y escondiendo mi rostro encendido por la vergüenza.

La pesadez en el ambiente era insoportable, me sentía como cuando estaba en la secundaria y atravesaba el pasillo antes de entrar a clases: todas las miradas y murmullos fijados en mí, que era un fenómeno inferior a todos.

Se me había helado la piel de solo pensarlo, no quería pasar de nuevo por algo como eso y menos si eran vampiros los espectadores, así que apresure el paso para salir lo antes posible del gran salón, pero aun así, seguía siendo una torpe que tropezaba con todo.

Caminé lo más rápido que pude rodeando los grupos y sin tocar a nadie esperando encontrarme con las escaleras que me llevarían de regreso hacia la invisibilidad del segundo nivel, pero cuando me encontré a menos de un escalón de mi anonimato, una mujer grito y mi nombre resonó en todo el salón haciendo que yo volteara.

Todos y cada uno de los vampiros que se encontraban allí eran tan hermosos y peligrosos como espeluznantes, y ahora me observaban fijamente, clavando sus ojos rojizos como si fuese su cena, como si tuvieran sed de mí.

Era una escena aterrorizante que hacia el salón más lúgubre que antes. Las paredes de piedra negra, la luz de la luna en la cara de los vampiros y los ojos penetrantes que me observaban fijamente, hacían de esta noche más una historia de terror que un baile.

Por otra parte, yo estaba helada y pasmada en el suelo mirando a todos esos chupasangres que tanto detestaba, pero no podía hacer nada mas que odiarlos en secreto, eran cientos de vampiros mezquinos que no dudarían ni dos segundos en matar a todos los de mi raza para poder sobrevivir.

Hice un pequeño saludo y les di la bienvenida al “baile”, eso era lo más que podía hacer antes de salir corriendo hacia el pasillo más cercano para huir, que para mi suerte era el de la habitación de Anker.

Cuando me hallé alejada del tumulto vampírico y mi respiración se encontraba estable me percaté de un sonido diferente a mi estrepitoso palpitar y a la hiperventilada oxigenación de mi cuerpo; eran voces que venían desde la habitación de Anker, así que me acerque para escucharlas.

-Entonces, ¿Qué cree usted más conveniente?- La voz de una mujer resonaba detrás de la puerta de mármol.

-Que no deberías hacerte la estúpida conmigo, eso es lo que creo conveniente –Anker sonaba irritado- pero volviendo a lo importante, creo que es hora de decirle a todos que pienso marcharme hacia Inglaterra y...

- ¿y Elizabeth? Según entiendo ella no sabe nada de esto.

Otra vez la mujer desconocida habló interrumpiendo a Anker, pero esta vez si pude identificar quien era por como dijo mi nombre. Con asco.

Al saber que era Clarease con quien hablaba sentí la inminente conversión de la curiosidad al miedo y del miedo a la ira, pero a pesar de que quería salir corriendo de ese lugar no podía escapar hacia ningún lado sin pasar por el lugar del baile exponiendo mi frágil cuerpo a la merced de esos bebedores de sangre.

-Clarease, a ti no debería importarte lo que haga o no con mi vida privada, pero tienes razón, ella no sabe nada de esto, así que tu no abras la boca si sabes lo que te conviene.

-No tienes nada de que preocuparte, sea como sea, seria muy fácil engañarla, sino mira ahora.

Clarease nunca me había agradado lo suficiente como para considerarla “alguien” entre mis amigos, pero jamás había pensado en atentar de alguna manera hacia ella. Hasta ahora.

-No le diré nada -Respondió Anker - así que cállate y no preguntes más.

-¡¿Cómo que no le dirás nada?!- La voz de ella -en su normalidad- era muy parecida al sonido que produce un gato sarnoso cuando maúlla de rabia, pero sin duda ese tono satírico y arrogante con el que pronunciaba cada palabra la asemejaba más a un burro que a un gato -¡que Malvado eres!

Casi pude sentir felicidad al saber que Anker tendría que aguantarse a esa mujer el resto de la eternidad, pero para mi desgracia yo era igual de mezquina a cualquier vampiro.

-Simplemente creerá que es un viaje de negocios y ya, así evadiré las preguntas que me haga al respecto, y en cuanto a los invitados de hoy… creo que ya les quedo claro que no es de su incumbencia.

-Anker, ella lo vera todo, tarde o temprano tu estarás conmigo a solas y seguramente sospechará que algo anda mal.

-Te equivocas, ella es demasiado torpe si quiera para darse cuenta de algún tipo de vínculo entre tú y yo, aparte de todo a ti no debería porque importarte lo que pase con ella.

Engañada, ingenua, fácil ¿Acaso le había faltado algún insulto por presumirle a esa mujer sobre mí?

Había comenzado a llover y la tormenta se hacia cada vez mas y mas fuerte. Los sollozos que mi entrecortada respiración producía se hacían más ruidosos y húmedos, incorporándose en la hecatombe climática. Me valí del sonido de la lluvia y la noche para que nadie pudiera enterarse de mi perturbación.

Había dejado de escuchar la conversación por mi propio bien y me concentre en esconderme lo suficientemente bien como para que nadie pudiera encontrarme.

Empecé a caminar de regreso al gran salón, al fin y al cabo ya no importaba si estaba bien o no, pero aun así no podía permitir que me vieran así por el bien de Anker, solo que no me encontraba tan sola como creía estarlo y había más de una persona ajena a mí, que había copiado mi idea y se había camuflado en la oscuridad de la noche y el ruido de la lluvia observando cada uno de mis movimientos.

Salí corriendo por el enorme corredor sin ver quien era ese alguien, tampoco importaba mucho, pero aun contaba con la posibilidad de que nadie mas fuera de la habitación viera mi cara y así devolverle el favor al extraño, ignorándolo, pero cuando me encontré a unos pasos de la salida, choque nuevamente con algo que en vez de moverse me proporciono un golpe que me llevó hasta el otro extremo del corredor haciéndome chocar con la puerta de la habitación de Anker.

El mármol crujió junto a mí antes de derribarse y caer al suelo aplastándome.

Estaba tan aturdida que ni siquiera escuchaba el bullicio de los invitados en el gran salón o las voces en la habitación de Anker, a pesar de estar tan cerca de ambas. Lo único se apreciaba era el sonido de unas pisadas sobre una superficie húmeda, el eco inconfundible producido por unas gotas de agua que caían al suelo del pasillo y un gruñido que jamás había escuchado junto a mi.

Aunque estaba casi inconsciente, ensangrentada y tirada en el suelo con más de un hueso roto, pude sentir como mi piel se erizaba lentamente y como el sonido de mi corazón subía desde mis piernas hasta la punta de mi cabeza para luego posarse en mis oídos haciendo que mi aturdimiento aumentara.

Según tenía entendido, yo era la única de mi especie esa noche en el palacio. Todos los empleados habían sido “despedidos” hasta que el baile terminara, y la verdad no tenia ni la mas mínima pisca de pánico o una razón en general por la cual temer sabiendo que todos los vampiros que habían sido invitados esa noche eran amigos o familiares de Anker. Pero saber de la intromisión de un enemigo mortal en el palacio que quería asesinarme, me espantaba aun más que cualquier otro vampiro sediento de sangre humana, mi sangre.

El aturdimiento no tardo más de un segundo en apoderarse de mi cuerpo completamente casi al punto de perder el conocimiento.

Estaba desplomada en el frio asfalto con un bulto encima que me abrazaba y no era la puerta de mármol. Pero me encontraba tan adentro de mí que no alcanzaba a percibir el exterior.

Sentía que me caían gotas en el rostro, pero no de agua, era sangre. Podía ver su color rojo escarlata y percibir su penetrante olor a hierro dulzón en mi nariz.

No me había percatado de eso ni de nada hasta que lo que tenía encima dio un grito amedrentador que me hizo despertar.

Anker estaba sobre mí, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no lastimarme con su peso, veía su rostro ensangrentado lleno de furia, sus colmillos asomándose por los bordes de su boca y sus ojos rojos como la sangre, como un vampiro, pero sabía que mas allá de su apariencia aterradora, el dolor y la culpa lo colmaban totalmente, a pesar de no saber por que, podía verlo y sentirlo pero a pesar de saber que estaba luchando, no lograba reconocer con que.

En un abrir y cerrar de ojos, el pasillo en el que me hallaba sola hace un instante, estaba atestado de vampiros que luchaban como espectros por todo el lugar contra unas bestias enormes que parecían no tener forma.

La velocidad de sus movimientos era casi invisible, solo se podía percibir cómo un montón de sombras rápidas golpeaban contra los muros creando explosiones de escombros.

-¡entiérrale la maldita espada de una vez por todas!- le gritó Lucio a Anker, quien sobrevoló por el salón hasta llegar al otro extremo para intentar acabar a “la cosa” con la que luchaban en la oscuridad.

Esperó a que se acercara su oponente. Tomo una espada, apretó firmemente su empuñadura y se lanzo hacia adelante clavándole el metal hasta atravesarlo.

“La cosa” grito de dolor y se retorció, hasta quedar totalmente inmóvil en el suelo mientras que Anker sonreía de complacencia.

Tenía ralamente un aspecto terrorífico, sus ojos verdes ahora estaban rojos, llenos de furia y sed de sangre, y sus colmillos eran tan afilados y perfectos que daba la impresión de ser un vampiro completo.

Había estado tan aturdida y sumida en mis pensamientos a causa del temor y el golpe que no me había percatado de la presencia de todos los que estaban en ese lugar. Delia, Gabriel y Aurum estaban allí junto a Anker y lucio. Incluso los demás vampiros del baile también estaban luchando contra cientos de sombras más.

Una de las cosas contra la que estaban peleando gruñó entre dientes. Anker le había dado un golpe en la cara que lo hizo retroceder dejándolo bajo un claro de luz de luna que entraba por una de las ventanas rotas.

Una fila de puntudos y babeantes colmillos se asomaban a lo ancho de la comisura superior de su hocico. Estaba inmóvil, como una gárgola bajo la luz de la luna llena esperando a su presa. Tenía la apariencia de una hiena gigante, que en vez pelaje lo cubría una extensa capa escamas y unas patas fornidas con garras que terminaban como dos garfios al final.

Eran blood hunters, los cazadores del padre de Anker que habían venido esta noche a llevarme con ellos.

Un grito de pánico ahogado salió de mi boca haciendo que el espectro girara rápidamente la cabeza para clavar su mirada amarillenta y energúmena sobre mí enterándose de que yo estaba allí.

-¡Elizabeth corre!- gritó Lucio que vio que no me movía

-¡Por favor, Lizzy, ahora!- ahora era Anker que seguía gritándome mientras luchaba contra otro blood hunter.

Quería responder pero era incapaz de hacer otra cosa que no fuera temblar.

El bood hunter tenía su mirada amarillenta sobre mí, ya sabia lo que tenia que hacer, atraparme y llevarme con su amo. Estaba tan cerca a mí que sentía su aliento en mi cara.

Cerré los ojos esperando a que algo sucediera. Sabía perfectamente que nunca seria capaz de ganarle a algo así en mi vida inclusive si fuera mitad bestia.

-¡Lizzy, no te rindas, muévete por favor!- Podía percibir el dolor punzante de sus palabras cuando gritaba. – ¡no puedes dejarme, no ahora, Por favor corre!-

Cuando escuché esas palabras, hubo un instante en que la adrenalina recorrió mi cuerpo entero sentí la sangre caliente subir y bajar rápido de pies a cabeza haciendo que mi rostro se encendiera. Sentí que Mi corazón estaba a punto de estallar y a Mi boca llenarse de saliva. Mi alma estaba colmada de la valentía y tenacidad que jamás había sentido.

Me pare lo mas rápido que pude hasta quedar completamente erguida y mirándola.

La bestia me observaba hambrienta y al acecho, esperando para saltar sobre mí.

Sin percatarme de que el animal había corrido en mi dirección y estaba a punto de aplastarme salí corriendo en dirección a Anker que me esperaba para acabar con la bestia, pero “eso” era más rápido que yo por mucho y estaba a punto de alcanzarme.

Pude Sentir como su flameante calor casi me quemaba la piel antes de saltar sobre mí hasta que por último caí al suelo inconsciente

Posiblemente lo que veía era un sueño, pero era tan familiar que casi parecía real. Podía distinguir cada imagen, cada sensación y cada momento como si fueran mías, solo que la inestabilidad de las imágenes y la combinación de mi pánico con las tinieblas hacia imposible caminar por el lugar o saber simplemente en donde me encontraba.

Sabía que lo conocía, que había estado allí antes, pero la niebla opacaba todo lo que se posaba frente a mis ojos, incluso mis recuerdos –si es que estos lo eran-.

Finalmente la niebla tomo forma hasta convertirse en un paisaje.

Todo estaba cubierto por una capa blanca de nieve y otra más superficial que parecía ceniza. Se veía a lo lejos el humo que salía de un montículo de cosas quemadas que aun no se apagaba, el olor a madera quemada y la irritación de mis ojos eran insoportables. Quería gritar, pedir ayuda, pero lo único que salía de mi boca eran sollozos entrecortados y balbuceos sin sentido alguno.

Miré hacia el suelo.

Había un rio de color rosa que corría caudalosamente debajo de mis piernas, era sangre, estaba por todos lados. Podía sentir su olor dulzón esparciéndose en el aire hasta penetrar en mi nariz.

Era un paisaje triste, destruido y doloroso. Los arboles sin hojas, el viento entre ellos, la opacidad de la niebla, mis sollozos, el llanto de una mujer desconocida a mi lado, los gritos de miles y la risa oscura de alguien, hacían de mi sueño cada vez mas una pesadilla, no solo porque ahora escuchaba, veía y olía todo, sino también lo sentía, sentía el frio de la noche, la nieve en mi piel y un inmenso dolor en el pecho, como si hubiese una espada enterrada en el.

La sangre en mis manos, mi enmudecimiento y las manos de alguien incorporando una piedra roja en el agujero que habían cavado en mi pecho.

Intente gritar, moverme o hacer algo para defenderme en esa pesadilla, solo que al final no logre mucho, solo proporcionarle un golpe a alguien en la vida real.

Por lo menos ahora estaba despierta -y con mi puño en la cara de Anker-

-¡Ouch! ¿Acaso es así como piensas agradecerme? -Dijo Anker antes de que con un impulso casi ajeno a mi, me abalanzara encima de su cuello para abrazarlo, pero cuando abrí los ojos de nuevo, me di cuenta de que algo no era normal en donde estaba.

Todo lo que había en la habitación en la que estaba era actual. La cama, las luces, inclusive lo que tenia puesto en este momento era suero de un hospital cercano, eso quería decir que Anker había salido de su tonta obsesión por vivir en el siglo XVI y había accedido a dejar que un medico real me atendiera y me diera los medicamentos necesarios ¿tan mala pinta tenia que…?

-oye –dijo interrumpiendo mis pensamientos- ten cuidado, casi…esto…bueno, tú sabes a que me refiero, no me hagas mencionarlo, pero como sea, aun no puedes aniquilarme por haberte hecho pasar por esto.

Quise reírme, pero las lágrimas salieron tan rápido que no tuve tiempo si quiera de pensarlo. Tenía la cara llena de moretones, rasguños y una mano vendada hasta por encima del hombro derecho.

-¿Por qué lloras? No es tan malo estar vivo después de todo…

-¡te lastimaron por mi, Anker, tu deberías estar en esta cama, no yo!

-No seas tonta, Lizzy tu sabes que…

-No, no se nada, no me vengas ahora con que los blood hunters venían a cazar vampiros.

-Lizzy, no importa por quien hayan venido… por mi, por lucio o por quien sea, incluso te preferiría a ti si dependieras de mi vida.

Pude sentir la sangre en mi cara y las palpitaciones desbordadas de mi corazón. Era totalmente estúpido y contradictorio lo que el estaba diciéndome, y a pesar de eso no lograba parar de sonrojarme.

-No seas ridículo –dije en su defensa- ambos sabemos que yo valgo mucho menos que tu o que cualquiera en este reino, se que haces y dices cosas por hacerme sentir bien solo por cortesía o modestia, pero yo solo soy…

Lo eres todo para mi! ¿Acaso no lo entiendes? El amor hace que hagamos cosas ridículas como comer carne si eres vegetariano o en mi caso esto…paralizar el habla y el corazón cuando te tengo en frente –suspiró antes de continuar- incluso daría mi vida sin esperar nada a cambio y no por ser razonable, sino porque así lo siento necesario. Por favor no pienses que es una perdida de tiempo saciar el corazón de felicidad, llenarlo de esperanzas y fantasías o colmar a quien amas de tontos detalles, como caricias al salir el sol en la madrugada o dar un beso eterno bajo la luz de la luna, porque son esas las cosas que te hacen brillar todos los días, aun cuando crees que todo se ha ido y tu corazón no palpite mas; son estas las razones que te mantienen vivo aun cuando estas muerto.

-pero, pero…

Quise responder pero nada salió de mi boca-

-pero nada, Lizzy, es la verdad, solo piensa en otra cosa por primera vez en tu vida que no sea solo tu. Dijo concluyendo la conversación antes de salir de la habitación.

Había pasado algún rato desde que Anker salió de la habitación, dejándome total y completamente absorta en mis pensamientos, – bienvenido a la mezquindad – me dije.

Era inevitable no pensar en ese flujo de información que me había dado en tan solo dos segundos y para mi desgracia tenia más estaba prohibido salir o moverme fuera de la cama para ir a buscarlo.

Así fue el transcurso de toda la noche.

Dos de la madrugada: Miro al techo, bostezo, juego con mi cabello, cuento las ranuras de la pared… ¿Qué no habían cosas más entretenidas que esperar hasta que saliera el sol?, -parece que no – me dije en voz alta.

Me preocupó un poco el saber que no era lo suficientemente humana para querer hacer cualquier otra cosa más que pensar… pero, se supone que esa era mi ventaja ¿no? Así que le di las riendas sueltas a mi pensamiento intentando precisar las palabras de Anker, rebanándome los sesos en busca de información extra que me ayudara a comprender lo que acababa de suceder.

-como si fuera poco- dije en para mis adentros luego de pensar y pensar-siempre pidiendo mas de lo que se da… el monstruo del ego siempre esta en la cabeza de todo ser humano razonable al acecho esperando a cualquier desliz, a cualquier ápice de torpeza para atacar, como hoy, ¿Cómo se me ocurrió no decirle que lo amaba también?-

Yo creía estar completa pero sabía que aun me faltaba algo y aunque según mis cálculos no iba a tardar mucho llegar, hoy más que nunca necesitaba tener la certeza de que eso en realidad seria así.

Fantasee un poco, me imaginaba a mi misma con ese alguien en estos momentos, besándome lentamente desde la punta de mi nariz hasta mi boca, acariciándome lentamente el cuello haciéndome estremecer bajo sus brazos, hasta que abrí mis ojos –en mi fantasía- y me percate de que era Anker quien me besaba.

No demore mucho en tornarme roja de la vergüenza, siempre me había negado a mi misma que lo quería, bueno, mas de lo que me podía permitir quererlo, pero ¿a quien engañaba? Sabia perfectamente que me gustaría estar besándolo en estos momento o bueno no necesariamente algo como eso podría hacerme reír o acariciar mi cabello para que me durmiera, bueno un montón de cosas exquisitamente lejanas aun para mi, como habría sido de no ser por el hecho de que yo era una simple humana y el pertenecía a la mas influyente y poderosa familia de vampiros del mundo.

Lo único que lograba quitarme la calma era ese pequeño detalle: una pareja. Y no cualquiera, una pareja… aunque bueno el titulo es lo de menos, lo que yo necesitaba era a quien darle lo que soy.

-eso es lo que me falta- dije distraídamente.

-¿Qué te hace falta?- pregunto alguien desde el pasillo que inconfundiblemente era Anker.

Cuando escuche su voz volví en mi misma, y regrese a la realidad de un brinco. La anestesia ya había desaparecido después de cinco horas y ahora podía sentir el verdadero dolor en la herida de mi espalda.

-un poco más de anestesia- dije rápidamente incorporándome en la almohada.

Quería sonreír, pero me daba cuenta que el estaba allí por otra cosa que no era precisamente que lo hicieran reír.

-Anker…-

-Lizzy, creo que te debo una explicación- dijo interrumpiéndome – se que viste y escuchas cosas que no tenias porque haber…

-deja de ser tonto, no escuche nada y en cuanto a tu condición, me lo esperaba peor- dije con la voz echa pedazos.

-Lizzy, por favor déjame explicarte…- veía por debajo de mi cabello como apretaba las manos, sabia que quería gritar pero no me podía permitirme que el sufriera por algo que yo causé.

-Anker, no hay nada, absolutamente nada que debas explicarme, yo no tenia porque meter mis narices en ese tipo de asuntos.

-Elizabeth, deja de ser estúpida –adiós al Anker tierno de hace un segundo- es verdad que no tenias derecho a escuchar mi conversación con Clarease, y si que mucho menos ponerte tan… -tomo aire antes de continuar- tan enfadada, porque se que lo estas, pero por mi culpa casi mueres en manos de esa bestia.

-pero estoy viva aun, eso es lo importante. Le respondí

-no.

-si, Anker, si y deja de discutir conmigo.

-¡ah! ¡¿Puedes dejar de ser tan obstinada solo por dos segundos?!

-¡oye! puedes ser un príncipe o lo que seas pero…

-¡te ordeno que te calles!- gritó.

No podía creer lo que escuchaba, ¿Qué se creía callándome? Ahora si se las iba a ver conmigo, o bueno, algo así.

-lárgate. Dije antes de empezar a llorar.

Esta era la segunda vez en una noche que Anker y yo discutíamos por lo mismo. Yo no era muy proclive a dejarme llevar por mis sentimientos frente a los demás, y si que mucho menos llorar, pero Anker era como un lector de rayos X que podía ver todo a través de mi. Quería decirle que lo amaba, pero el era demasiado terco como para dejarme hablar siquiera de eso.

Estaba llorando con tal fuerza que casi no respiraba, me dolía la espalda y el pecho, y para colmo tenia cientos de agujas clavadas en mis manos como para moverlas y secarme las lagrimas.

-oh, Lizzy- dijo el antes de acercarme para abrazarme.

Sabía que se sentía mal, lo podía sentir, pero aun no comprendía por que sentía tanto dolor y furia dentro, quería preguntárselo pero no era capaz de escuchar la respuesta sabiendo que era malo lo que iba a decirme.

-por favor, -dijo suavemente- déjame ser tu héroe, deja que te cuide y te proteja de todo, no soportaría el hecho de que te pasara algo.

A pesar de estar en un transe por las palabras que estaba escuchando, notaba algo raro en el. Era muy extraño que alguien mitad-vampiro se tornara caliente, o simplemente tibio, casi siempre al tacto eran fríos, pero no demasiado, y Anker no estaba precisamente así, sino caliente, como el fuego, de tal manera que su piel casi me quemaba.

-¿Qué te sucede?

-¿De qué hablas? Me siento muy bien-

-si me respondiste eso, si sabes que te sucede algo, habla de una vez.

-no me sucede nada, enserio Lizzy- era obvio que Anker no sabia decir mentiras, por mas mínimas que fueran, siempre le temblaba la voz tan fuertemente que lo delataba en segundos.

-esta bien, esta bien, solo enferme-

-sigues mintiéndome.

-no lo estoy haciendo, solo enferme.

-¿Cómo se supone que vas protegerme si…si mueres? Esas palabras salieron como cuchillos por mi boca haciéndome temblar.

-no voy a morir Lizzy, solo estoy con un poco de temperatura, no es nada del otro mundo.

Se que había leído algo en esa enorme biblioteca del palacio sobre la alta temperatura en seres como Anker, pero no lo recordaba.

-Anker habla ya, vas a hacer que muera yo primero de la preocupación.

-¿por que te preocupas?, si no estoy mal, hace un minuto me miraste como si me quisieras matar a golpes.

-porque, esto… porque –supe que estaba roja, encendida y con el corazón a mil, Anker me estaba confrontando y yo no podía hablar- me preocupas.

-Pero ¿Por qué te preocupo? ¿Qué valgo para ti? ¿Qué soy para ti? Dime Lizzy, dime, necesito saberlo- su voz sonada tan cálida como desesperada, sabia que para el tampoco era fácil ser sincero y decir lo que sentía, ahora mas que nunca supe a ciencia cierta ese dolor que vivía en el.

En ese momento pude sentir aun más el calor de Anker en mi cuerpo, me estaba apretando de tal manera que parecía como si quisiera fundirse en mí.

Quería permanecer así por siempre, el a mi lado, protegiéndome del peligro y yo cuidando su corazón, pero antes que nada debería ser sincera con el y el conmigo.

-porque te amo, Anker, y quiero protegerte- Dije finalmente acercándolo aun mas a mi.

La muerte de su madre, la presión de su padre, el cargo de una nación entera y casi mi muerte, habían sido demasiadas cosas para una sola persona en una sola vida, pero aun así, no podía entender que era peor que eso para tenerlo así.

Antes de separarse de mí, sonrió, me miro a los y ojos dijo. – Lizzy, creo que es hora de hablar-

continuará...